domingo, 2 de julio de 2017

¡Nos vamos!

Aunque no todavía...

Me he debatido mucho sobre si debería o no escribir esta entrada. Mi alma de "escritora" me lo pide, pero mi miedo de venezolana me dice que es mejor callar. Todos tenemos a alguien que nos dice "no cuentes tus planes, porque se te caen. Se llenan de mala vibra". Sí, creo en eso. Y también está en factor "país". ¿Seré un objetivo para los ladrones de turno si confieso mis propósitos?

Pero también he entendido que las letras son mi medio de expresión y la única herramienta con la que cuento para ayudar. Resolví entonces publicar, sin dar "publicidad" (aunque tampoco es que mucha gente lea este blog) y sin dar excesivos detalles de este viaje que no inicia con la maleta, sino con la planificación.

Quiero emigrar desde hace unos doce años o más. No era una cuestión política o una huida. Siempre sentí que mi destino estaba fuera del país. Pero la vida se fue desarrollando, los afectos, amores, amistades fueron creciendo junto a la zona de confort. Pronto, el sueño se transformó en un "algún día". Me quedé estancada en el "como vaya viniendo, vamos viendo" hasta que abruptamente eso se convirtió en un "o nos vamos, o nos vamos". ¿Motivo? Encienda las noticias y mire lo que ocurre en Venezuela.

Cuando conocí a Frederick (mi actual pareja) le fui muy clara. Quería que estableciéramos hacia dónde iba la relación: unos cuantos encuentros sexuales o un proyecto de vida. Él no estaba muy seguro de querer irse, pero me dijo que me acompañaba en mi aventura. A estas alturas, un año y medio de relación después, es más una necesidad suya (y de ambos) que un deseo.

Hubo otra cosa que me transformó. En diciembre pasado pensé que estaba embarazada. Tras semanas de retraso, mi periodo finalmente llegó y con él, las lágrimas de la pérdida de un hijo que nunca existió. Allí entendí que quería ser mamá y que Frederick, quien lleva años queriendo convertirse en padre, merecía compartir esa etapa conmigo. En ese mismo momento me di cuenta que el tiempo ya nos había llegado: este año yo cumplía 30 y aunque sé que todavía me queda mucha vida, ya empecé a escuchar la música de Mario Bros cuando te quedan pocos segundos, retumbando desde mi vientre.

Para colmo de males, noté cómo mi nevera estaba siempre estaba vacía y "llenarla" (que nunca está llena), cada vez nos costaba más y más dinero. Allí supe que había llegado "al llegadero": este era el momento.

Tengo la suerte y el infortunio de saber escribir y gracias a eso tengo un buen trabajo. Uno que, afortunadamente, hoy me paga bastante bien y con el que podría vivir fácilmente en este país (encerrada y encadenada a una computadora, tecleando cerca de 15 horas al día, sin seguridad de un futuro y sin oportunidades de crecimiento). Como gano más que mi pareja (que no salgan los machistas a decir que lo estoy castrando; hablo de una realidad) llegamos a un acuerdo: yo ahorro y tú pagas las cuentas.

Como ya les dije, tengo mis dudas en la existencia de Dios, pero sí creo que hay un poder que dijo "¿te quieres ir? Aquí te doy las opciones. Eso sí, TRABAJA Y BASTANTE". Me mandó un cliente nuevo y más responsabilidades en mi empleo "fijo". Por ende, empecé a ganar más de lo que tenía estipulado, así que la lejana meta se convirtió en mucho más cercana.

Hace tres o cuatro meses hice la primera compra de 40 dólares (cuando el dolar estaba en menos de tres mil y pagabas más que lo que decía DolarToday por ellos) y desde entonces no hemos parado. ¿Tropezones? Los hemos tenido todos: desde que ahora mismo mi teclado se dañó (escribo desde una laptop prestada), hasta que nos quedamos sin cocina. Pero vamos adelante y con el objetivo claro.

Seguimos ahorrando. Nos vamos. ¿Cuándo? ¿Para dónde? Todavía falta para llegar a ese capítulo, o mejor dicho, para que ustedes lo sepan. Mientras tanto, estamos legalizando y apostillando nuestros papeles, porque no queremos ser un ilegal más. Y sobre ese proceso les hablaré en la próxima entrada.