lunes, 17 de febrero de 2014

Coleccionista de Besos

Soñador Ignacio Lehman va por el mundo llevando un mensaje de paz

Coleccionista de besos


**La cámara se convirtió en el elemento más preciado de un joven argentino quien en un viaje a Nueva York tuvo una idea revolucionaria: iría por el mundo de mochilero, tomando fotografías de besos. Es que un beso muestra la conexión de una pareja, de una familia... es un gesto de amor. Como él mismo asegura: Kisses are the solution: los besos son la solución a tanta violencia.

Lilihana Lara Arévalo

Seis años tenía Kyoko Katagami cuando la bomba atómica estalló en Hiroshima.
En Koi, un pueblo ubicado a tres kilómetros del epicentro del desastre, la entonces niña sintió que las piernas le temblaban. "Me impregnó una ráfaga de calor que se impregnó en mi piel. Un calor que nunca más volví a sentir", narra.
En su rostro quedan cicatrices de aquel momento. Las del alma, las que quedan intactas en la memoria y el corazón, la llevaron a rozar los más sublime de Hisao Katagami, su gran amor. Tendría él 14 años cuando ocurrió la tragedia. Era un adolescente rebelde que se escapó de clases y jugaba durante el estallido.
Hisao y Kyoko se conocieron tiempo después cuando eran voluntarios en Atomic Bomb Casualty Comission (Abcc), una organización que ayudó a levantarse a aquellos quienes perdieron la fuerza por el dolor de lo ocurrido.
Hoy Kyoko tiene 74 años. Hisao arribó a los 82. Los rostros están arrugados, el cuerpo ya no responde igual... y el amor está intacto.
Ignacio Lehman capta el sentimiento en una fotografía. La pareja sella lo más profundo de su corazón con un tímido toque de labios durante un memorial para la paz de Hiroshima, conmemorando el 68 aniversario de la explosión. Ignacio no duda en hacer click a su cámara.
La historia de amor y superación de la pareja japonesa es la favorita de este joven. Con ella selló su colección de sueños en el país oriental para lanzarse a otras fronteras, buscando paz.
Este relato es sobre él, un treintañero que abandonó su natal Argentina para recopilar pequeñas muestras de amor. Ignacio va por el mundo fotografiando besos (100 por cada ciudad que visita), y en su haber ya cuenta con más de mil gráficas.
Ha hecho escala en Ciudad de México, Ámsterdam, Tokio, Nueva York, París, Londres, Berlín, Barcelona y Buenos Aires. Ahora se encuentra en Perú. Visitaba Lima y se lanzó a la jungla, sin posibilidad de conexión con el mundo externo, buscando quién sabe qué.
Es que Ignacio es un tipo diferente. Va cazando historias de amor entre parejas, padres e hijos y hasta mascotas, haciendo volar su mente sobre los destino que le esperan, porque él representa eso: es como una imagen de jovencitos enamorados que se besan para despedirse, que se dan otro beso pequeño que los impregna de fuego, pasión y dulzura y tras una leve sonrisa, vuelven a besarse. Ignacio es el coleccionista de besos.

Sin ataduras
El viaje de Ignacio inició hace más de dos años mientras recorría Nueva York. Había renunciado a su trabajo en Buenos Aires y decidió pasar una temporada en Estados Unidos.
La magia de Times Square, el Rockefeller Center y la Estatua de la Libertad iluminaron su creatividad: se dedicaría a fotografiar besos alrededor del mundo.
"Los besos son una hermosa forma de contar una historia. El beso es algo divino", dice.
Para esta ocurrencia su única compañera fiel es la cámara. El proyecto fue llamado "100 World Kisses" y se ha reseñado en medios de comunicación de todo el mundo.
El rostro de Lehman siempre ilumina las primeras planas de los periódicos más importantes de los lugares que visita. 
En televisión suele vérsele con una sencillez de mochilero envidiable: zapatos cómodos, franela, pantalones cortos... No necesita de poses, ropa cara o excesivo reconocimiento, aunque se nota que lo disfruta.
No es para menos, porque al principio nadie daba un duro por su idea. Mostrar que con simpleza se puede llegar lejos, lo llena de orgullo.
Él es un soñador que busca enviar un mensaje de paz. "Kisses are the solution" (los besos son la solución) es la leyenda de la mayoría de sus fotos.
Su ojo fotográfico ha mejorado notablemente desde el inicio de la aventura. Inicialmente se mostraba una colección de fotos con un propósito interesante aunque un poco descuidado; ahora es una muestra de are sumamente cuidada y hermosa.
Recientemente se exhibieron las gráficas en el paseo peatonal principal Jirón Gamarra y en la Casa de la Emancipación, en Perú. El cantante León Gieco pidió autorización para mostrar las fotos durante un concierto en Argentina. La emoción del muchacho se sentía en el post que escribió para contar la novedad.
Eso sí, Ignacio es cauteloso. No se atreve a marcar ninguna de sus fotografías como "favorita".
-¿Qué tiene que tener una fotografía para que te agrade?
-No hay una fórmula fija. Tiene que contar una historia. Eso es todo.

Romance sin distinción
"Un beso es un puente entre dos almas", define Ignacio, pero su sensibilidad va más allá.
Con 100 World Kisses, el joven busca transmitir un mensaje de amor, paz y esperanza. Después de todo, dar un beso se trata de eso: de conectar a dos personas a través del cariño.
A pesar de los detractores y los tropezones, Ignacio no duda de la existencia de ese sentimiento que mueve masas: "El amor existe y en definitiva, todos lo buscamos. Algunos podrán hacerse los distraídos, pero tarde o temprano el amor siempre terminará triunfando".
-¿Puede un beso ser una herramienta para la paz?
-Es un símbolo. Dos personas que se besan están contando algo sin utilizar las palabras. En un mundo donde hay tanto caos, violencia e injusticias, los besos nos recuerdan volver a las bases de los que somos y de donde venimos.
Muchos no comparten la ilusión de Ignacio. En varias oportunidades sus fotografías han sido reportadas por usuarios de Facebook, escandalizados porque también muestra parejas homosexuales. 
En esos momentos, el cazador de besos tiene un pensamiento: "No veo la necesidad de acordar una única forma de amor entre todos. Eso no es amor. Amor también es vivir con libertad".

Con los sueños por delante
Si hay algo que refleja la vida de Ignacio es que los sueños no mueren. Él se despegó del 16 y
último, de la familia y de la patria y ahora es un ciudadano del mundo, a pesar de las dificultades.
Su estadía en cada ciudad se mide en besos: una vez colectados 100, debe tomar el avión y embarcarse en una nueva aventura.
La experiencia le ha mostrado que los latinos son más amorosos, por lo que fotografiar besos en Venezuela es una idea que juega en su mente. Confiesa que le agradaría hacerlo, de ser invitado. "Creo que es un país que tiene mucho para contarle al mundo".
En el otro extremo, hasta ahora los japoneses han resultado los más reservados.
"En Japón la gente no se besa en la calle. Apenas algunos se toman de la mano. Intentar fotografiar besos allí fue el mayor desafío que me ha tocado vivir. (...) No me quería rendir aunque a veces es tentador hacerlo. Y finalmente, lo logré. De eso se trata soñar. Soñar es aprender a no rendirse".
Y sus sueños muestran historias de amor, por sobre todas las cosas. Es que, en el fondo, esta historia sobrepasa a Ignacio. Él es un simple "cazador" esperando su presa. El beso y sus autores son los protagonistas, así como Koyko e Hisai. Ellos firman con el amor más puro.

***Besos bélicos
Ignacio Lehmann guarda otro anhelo: fotografiar  besos en ciudades donde haya conflictos
bélicos en un intento por demostrar que la humanidad y la pureza de corazón siempre saldrá ganando. "Mientras algunos  mueren por caprichos de vaya a saber uno quién, otro aman y desean iluminar sus vidas".
Si usted quiere colaborar con él o saber más de la iniciativa, puede contactar a Ignacio en su perfil de Facebook (/100WorldKisses), su página web (100WorldKisses.com), su perfil de Tuiter (@100WorldKisses) y su cuenta de Instagram (100WORLDKISSES),



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Publicado en Diario Primicia
Dedicado a Mr. Sunshine, por darme la sensación y el sentimiento necesarios para plasmar estas palabras.










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