lunes, 2 de diciembre de 2013

La nariz

-Me he dado cuenta que cuando estableces una conexión poderosa con alguien, tienes la manía de tomar su nariz entre tus dedos, como si se tratara de un niño.
-Debe ser algo mental. Algo no resuelto de mi infancia.
-Yo creo que es que quieres que quien esté contigo siga siendo un niño. Le tomas la nariz para que no se convierta en Pinocho. Siempre tratando que no te mienta.
(Silencio) 

miércoles, 27 de noviembre de 2013

En el ring con el desconsuelo

Muerte La siquiatra Elisabeth Kübler Ross divide el duelo en cinco etapas


En el ring con el desconsuelo


**En Venezuela, la principal causa de muerte son las enfermedades del corazón, mientras que la violencia se llevó a 21 mil venezolanos en 2012. Como dicen por allí, la muerte es lo único seguro que tenemos en la vida, por lo que aquí se ofrecen herramientas para acabar con la pena de perder al ser querido y seguir adelante.

Lilihana Lara Arévalo
llara@primicia.com.ve


Ella se despierta con el corazón acelerado. Se levanta a trompicones y con desesperación toma el celular. Son las 03:00 de la mañana. Nadie ha escrito desde que hace cuatro horas el sueño la venció. La llamada que espera, nunca llegará.
Él se ha ido y ella no lo acepta. Se fue para siempre luego de que el cáncer lo consumiera de a poco.
Ella no es la única que sufre, porque la señora muerte, como la llaman con todo respeto, diariamente visita a miles vestida de traje negro y guadaña, dejando en un muro de lamentos a los seres queridos.
En Venezuela, las enfermedades del corazón corresponden la principal causa de deceso natural; número que se enfrenta a las muertes violentas. En 2012, se registraron 16 mil asesinatos en el país, según Néstor Reverol, ex Ministro de Interior y Justicia aunque en los números del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) la cifra asciende a 21 mil. De esas muertes, 585 ocurrieron en Guayana, revelan conteos extraoficiales.
A las peticiones de justicia y engorrosos trámites funerarios se enfrentan los dolientes, quienes después de haber entregado el cuerpo a la tierra –en caso de que sean enterrados- quedan en el abismo de duelo.

Más que muertes
Psicológicamente el duelo se define como un proceso natural que atraviesa el ser humano cuando se enfrenta a una pérdida, por lo que no se relaciona exclusivamente a la muerte.
Una persona también entra en tal estado cuando pierde su empleo, rompe una relación amorosa o se entera que sufre una enfermedad terminal.
“Es un dolor psicológico; la manera en que la mente lidia con lo que está pasando”, dice Giovannina Vivas, sicólogo clínico.
Se trata entonces de la tristeza y la incertidumbre de no saber qué pasará, de sentirse perdido y confundido, cuando cambian definitivamente algunas circunstancias de la vida monótona. Puede sentirse igual de devastada una mujer que acaba de perder a su madre, como una chica que hace poco rompió una larga relación amorosa.

Cinco etapas famosas
Aunque el sicólogo Evart Gurley, advierte que la manera vivir el duelo es diferente para cada individuo, la siquiatra suizo-estadounidense Elisabeth Kübler Ross dividió el proceso en cinco etapas, publicadas en el libro On death and dying del año 1969.
La explicación se popularizó rápidamente en las escuelas mundiales dedicadas a la conducta, así como en el colectivo, gracias a series de televisión y otros medios de consumo masivo, en las que se comúnmente se hace referencia a ella, aunque sin rendir tributo a su autora.
Constituye la negación la primera fase del duelo. Vivas la conceptualiza como un mecanismo de defensa; la herramienta que tiene la mente de protegerse ante la noticia fatal. “No es que se esté inconsciente de lo que pasa, sino que es una forma en la que la psique se protege”.
Se observa en la típica conversación con el amigo, quien intenta dar una palmada en la espalda con una pregunta innecesaria. El “¿cómo te sientes?” se responde con un simple “bien” o “no ha pasado nada”. También se refleja en los: “esto no puede estarme pasando”; esa idea de que estamos en una pesadilla con ganas enormes de despertarnos. “Es natural. Es una forma de no volvernos locos”, completa la sicóloga.
Se pasa entonces a la depresión, comprendida como una tristeza mayor a la común. No es lo mismo sentirse mal porque se discutió con el hermano, que caer en un estado depresivo en el que el dolor parece ser infinito y sin salida.
Esta fase está ligada con la ira en la que quien padece el duelo no se explica por qué ocurrió el hecho e incluso, puede haber un poco de culpa. Son comunes expresiones como “pude haberlo hecho distinto”, “si tan solo hubiera…”. Sentimientos de envidia y molestia suelen ser proyectados hacia quienes están alrededor.
Es la negociación la cuarta etapa, en la que la mente intenta sobrellevar la pérdida. El individuo justifica por qué no hizo algo por quien falleció y hay un análisis constante en el que, cual película, se repite lo ocurrido. Vivas lo define como un “negocio interno” en el que la persona comprende lo ocurrido y se enfrenta a sí mismo. Se pregunta: “¿qué voy a hacer con estos sentimientos?”.
Finalmente, llega la aceptación; la comprensión de que nada es para siempre y que la vida continúa. Cumplir este ciclo debería tomar de seis meses a un año.

Entorno afectado
Atravesar dichas etapas, viene acompañado de una sensación de tristeza e irritabilidad. Vivas manifiesta que durante el duelo se está tan sensible a los estímulos externos, por lo que es frecuente que surjan problemas con quienes rodean al doliente.
“Es propio del duelo. Si se murió alguien que quieres, se ve afectado tu trabajo o tu relación de pareja. Si terminas con tu novio, puedes tener dificultades con tus amigos o en tu entorno laboral”.
Quienes acompañan a quien sufre y el propio afectado, también debe entender que el doliente tiene derecho a los sentimientos que experimenta y a conversar sobre eso. “Hablar es importante para no reprimir sentimientos. Se debe recurrir a quienes se les tiene confianza, pero no abusar. No todo el mundo está preparado para escuchar”, aconseja.

Salir adelante
Para sobrellevar la pérdida, los sicólogos hablan de herramientas conocidas por todos. Gurley, por ejemplo, comenta de la importancia de continuar la vida: siempre se debe vivir.
Recomienda estipular nuevas metas a futuro; un estilo de vida diferente. Vivas lo apoya, ahondando en la importancia de “ubicarse” en lo que aún queda por vivir. “Uno no debe anclarse en el pasado. Eventualmente te das cuenta de lo que tienes en las manos y lo que puedes hacer con eso”.
Sugiere no abandonar las actividades cotidianas, rodearse de personas y continuar acudiendo a la universidad o el trabajo.
Mantenerse activo es otro consejo que da la sicóloga. “Uno tiene derecho a no salir un día. El problema es cuando se torna algo frecuente”. Encerrarse en casa puede generar tristezas que estallan en una depresión.
“Lo más importante es apoyarse en el otro porque somos seres sociales. Algunas personas se aíslan. No es una buena opción”.

Previniendo el dolor
Cualquier persona preferiría evitar el dolor de la muerte, aunque se trate de algo inevitable. El problema radica en nuestra educación que no nos prepara a las dificultades.
Giovannina Vivas lo explica con un buen ejemplo: el primer amor. “Cuando se tiene la primera pareja, crees que es el amor de tu vida y eso pasa muy pocas veces”.
Aquí reza la importancia de ser inteligente emocionalmente: comprender lo que se está sintiendo y regular las respuestas a ello.
Ver la pérdida desde otra óptica también es fundamental, tal y como ocurre en el budismo. Arturo Sánchez, miembro del Centro Budista Camino del Diamante –una de las escuelas de este estilo de vida- advierte que para ellos la muerte está comprendida como un “cambio de estado”.
“No quiere decir que no nos afecte porque hay sentimientos que nos conectan. Es más como una despedida, como quitarse y ponerse la ropa”.
En el budismo, la creencia es que lo que es permanente es la mente (que no el cerebro), a diferencia del cuerpo. “La mente está en todas partes, es inmutable al tiempo”. Entonces, ese “cambio de estado” se considera tan natural como un cambio de residencia, de nivel y presentación.
No en balde, el budismo maneja el concepto de la reencarnación según el cual una misma mente resurge en innumerables vidas. “Nosotros somos responsables de nuestra próxima vida y de cómo vamos a reencarnar. Es la ley de la causa y efecto”.
La meditación que se practica en esta doctrina (aunque Sánchez asegura que no debe dársele tal sustantivo) forma parte del método para lidiar con la pena. “Se puede tomar distancia de las emociones. Uno decide si quiere lidiar con ellas o no”, comenta al tiempo que asegura que no se trata de reprimir: “las emociones suelen llevarnos a cometer actos de los que nos arrepentimos”.
Tal concepto es criticado por Gurley, para quien hay que vivir el duelo de una forma natural. “Uno no se puede cerrar a eso, lo que hay que hacer es dejar de ver la muerte de forma trágica”.
Y Sánchez lo hace cuando dice que no hay que temer a la muerte, pues es lo único seguro en la vida. “Lo que varían son las formas de morir”.
A los no budistas sugiere calmar la mente con ejercicios sencillos: sentarse cómodamente con la espalda derecha y despegada del espaldar de la silla y focalizar la atención en el aire que entra y sale de los pulmones. “Ayuda si estás alterado”.

Consulte a un especialista
Si hay algo en lo que concluye Sánchez es en la aseveración que el budismo no es terapéutico. “La depresión debe ser tratada por un profesional”.
Aunque Vivas preferiría que las visitas al psicólogo fueran parte de una vida cotidiana, sabe que la mayoría de sus pacientes buscan ayuda cuando están en el fondo del foso.
Aun así, comenta los momentos en los que es absolutamente necesario buscar ayuda: cuando ha transcurrido un año de la pérdida y cuando el duelo se vuelve patológico.
Ahonda sobre el segundo ítem y lo define como cuando el recuerdo continúa atacando al doliente. “Y él sigue esperando, duerme con algo de la otra persona. No lo deja ir”.
El siguiente escalón es ir con el siquiatra, en casos en los que se padezca insomnio. “Allí ya se necesita medicación”.
Eso sí, nunca dude en buscar ayuda. Recuerde que aún quedan aventuras por vivir.

Pequeños somatizan
La pérdida del padre o el abuelo, también afecta a los niños. Giovannina Vivas manifiesta que en ellos, es usual que se vuelva una afección somatizada. “Los niños presentan enfermedades estomacales y otras variantes porque no hablan lo que ocurre”.
Es la comunicación la clave para salir adelante, dice Evart Gurley: siempre hay que decirles la verdad de la mejor manera. No se les debe explicar lo ocurrido con demasiada tragedia.

Publicado en Diario Primicia
26 de noviembre de 2013

(Ideas que surgen cuando ves Lost y Shannon sufre por la muerte de Boone)


lunes, 25 de noviembre de 2013

René: un angelito en el cielo

Relato Rina cuenta la historia de su hijo, víctima de una enfermedad rara

René: un angelito en el cielo

***A René le diagnosticaron síndrome de Wiskott-Aldrich que lo mantenía con las plaquetas bajas. Junto a su madre se mudó a España donde recibió ayuda del Estado. Tras un trasplante de médula ósea, el pequeño falleció. 

Lilihana Lara Arévalo
llara@primicia.com.ve


I. Alegría
Hay dos días que Rina Alonso recuerda como los más felices de su vida. Escribe la fecha exacta, evocando cada momento, cada sentimiento, cada sensación, cada sonrisa.
Era el 03 de junio de 2007 cuando lloró de la emoción y corrió hasta la Iglesia para dar gracias a Dios por la bendición recibida. Momentos antes se enteraba que dentro de ella crecía René, su primer hijo.
El 31 de enero de 2008, Rina lo tuvo en sus brazos. El parto se adelantó una semana y moría de miedo. Su  madre, abuela, hermano y una buena amiga estaban la acompañaban cuando los dolores empezaron a ahogarla. 
Cuando finalmente lo miró, se estableció el vínculo definitivo “madre e hijo”. Rina se convirtió en todo para René. Él era su vida.

II. Miedo
Un mes y diez días después, Rina notó algo extraño en su hijo. La piel estaba marmoleada, excretaba sangre y mostraba quebranto.
Durante casi un año, Rina y René visitaron cinco hematólogos diferentes. Todos coincidían que el bebé padecía de PTI (Púrpura Trombocitopenica Idiopática), trastorno que según la página web Medine Plus, “destruye las plaquetas”.
El costo de las medicinas y tratamientos era demasiado elevado y la madre sentía que no había mejorías en el pequeño. El pediatra le hizo una sugerencia: mudarse a España, cuyo gobierno cubriría todos los gastos, al tener Rina doble nacionalidad.
La última hematóloga estuvo de acuerdo. Rina no lo pensó demasiado y como ella misma dice, “agarró a su muchacho” en una travesía que duró cuatro años.
Inicialmente René recibió el mismo diagnóstico, hasta que Rina llevó a su hijo a otro hospital y el médico tratante tuvo una corazonada. Para confirmarla, había que hacer un prueba médica que tardaría un mes en mostrar los resultados. En sus manos tuvo la confirmación: René sufría del síndrome de Wiskott-Aldrich.

III. Confusión

También se le llama síndrome de inmunodeficiencia, trombocitopenia y eczema. Según la web de la Facultad de Medicina de la Universidad Francisco Marroquín (UFM), se trata de una “inmunosupresión crónica hereditaria, ligada al cromosoma X de tipo recesiva”.
Efectivamente, todo coincidía con la vida que había llevado el pequeño. Cuadros diarréicos y hematomas eran algunos de los síntomas, como destaca la página de la Universitat do Valencia. “Durante el primer año de vida los pacientes afectos desarrollan lesiones cutáneas a tipo dermatitis atópica así como infecciones recidivantes producidas por el s.pneumoniae. En casos más avanzados son frecuentes las infecciones oportunísticas por P.carinii y por herpes virus”, dice.
Este padecimiento está contemplado entre las siete mil patologías definidas como “enfermedades raras”. Estas afecciones atacan a una de cada dos mil personas; una de mil 500, si se trata de Estados Unidos. En el caso de Venezuela, se estima que hay medio millón de pacientes.
Para Rina, todo esto significaba una cosa: René no podía recibir golpes porque siempre tenía las plaquetas muy bajas. Una caída se podía transformar en una hemorragia y con ella, podría llegar la muerte.

IV. Soledad
Dicen por allí que en los momentos más duros se conocen a los amigos y Rina se llevó una decepción muy dura. El padre de René dio un paso atrás cuando empezaron a buscar soluciones. La única manera de que René llevara una vida “normal” era con una trasplante de médula ósea.
Rina rememora el momento del diagnóstico. “Sentía que se me acababa el mundo”, recuerda, aún más sentido porque estaba en un país que aunque era suyo, también se sentía ajeno. Sus familiares y sus amigos estaban en Venezuela. Allá, en España, René y ella estaban solos y cada uno se apoyó en la sonrisa del otro.

V. Amor
La vida en España no era sencilla. Cuando se fue, Rina solo contaba con el dinero para el pasaje y el cupo de Cadivi, que pronto se agotó. Se valió de amigos, familiares y conocidos para vender rifas y tener dinero para sus gastos básicos. Su madre recolectaba el dinero y se lo enviaba cada tanto. El Estado español seguía corriendo con la renta médica de René.
Él nunca fue un niño normal. Para no ponerlo en riesgo, Rina lo cuidaba muchísimo. No lo dejaba correr, saltar o brincar, por miedo a que se cayera y sufriera una hemorragia.
El crecimiento psicológico era regular. De hecho, sobresalía por su inteligencia.
El amor entre ambos aminoraba las penas. René era especial e inteligente y llenaba de cariño a su madre con frases que todavía le llegan al alma. "Eres la mejor madre del mundo que puedes hacer a un niño feliz...", decía. "Mami, eres lo único que me importa para ser feliz".

VI. Dolor
René cumplió los dos años. A esa edad, recibió el trasplante de médula ósea en Barcelona, España. Todo pintaba bien. El diagnóstico médico era favorable y se recuperaba poco a poco.
Rina se mantuvo en España para continuar con el tratamiento de su hijo. Cuando estaba próximo a celebrarse el quinto cumpleaños del niño, el pequeño sufrió un derrame cerebral por complicaciones.
"Aun con todo lo que viví no me arrepiento y si volviera a nacer volviera a elegir a ese hermoso ángel como mi hijo", comenta Rina para poner punto, no final, a la historia de su primer hijo. 

**Ayudar
La historia de Rina Alonso continúa. Mucho antes de la muerte de René, ella pensó que podría brindar ayuda a las madres de niños en situaciones similares: con una enfermedad rara y sin dinero suficiente o las posibilidades de ella para contar con el financiamiento del gobierno español.
Más allá de dar fondos, Rina quiere que su fundación de información y apoyo moral a quienes sufren con situaciones como la suya. 

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Publicado en Diario PRIMICIA
Ciudad - Página 11
25-11-2013 

sábado, 2 de noviembre de 2013

Luz y alegría a quienes se fueron

Festejo El Día de los Fieles Difuntos es una celebración católica


Luz y alegría a quienes se fueron


***Hoy, miles de creyentes acuden a los cementerios para rendir honores a sus seres queridos. Descubra el origen de la celebración y la diferencia entre esta fiesta y Halloween o el Día de los Muertos. 

Lilihana Lara Arévalo
llara@primicia.com.ve


¿Vuelve el polvo al polvo?
¿Vuela el alma al cielo?
¿Todo es sin espíritu,
podredumbre y cieno?
No sé, pero hay algo
que explicar no puedo,
algo que repugna
aunque es fuerza hacerlo,
el dejar tan tristes,
tan solos los muertos.
(Gustavo Adolfo Becquer)

Sonrisas y lágrimas
La comida está lista. El colorido traje típico, perfectamente planchado. La casa destila aroma a flores y cera caliente, que poco a poco cae de las velas. Claudia lo preparó con somero cuidado y las botellas de tequila no faltan para la celebración en su natal México.
Festeja por los que se han ido, porque según la leyenda que escucha desde niña, hoy en la madrugada los espíritus de su familia regresan a casa a degustar sus platos favoritos.
Pero en Venezuela el jolgorio público no se asemeja al mexicano. En este país del sur, el Día de los Fieles Difuntos se celebra con solemnidad: una visita al cementerio y mucha oración, tal y como indica Monseñor Mariano Parra Sandoval, obispo de la Diócesis de Ciudad Guayana. 
Cada 2 de noviembre, la Iglesia católica pide a sus feligreses elevar plegarias por aquellos que murieron, incluso los olvidados por sus propios familiares, con la esperanza de que las palabras santificadas guíen las almas hacia la vida eterna.
La fiesta es mucho más intensa en los monanzos de palo -donde se integran las familias mayumberas-. Se reza mucho y se canta todavía más, a la espera que el ancestro que está en el plano espiritual, "baje" y se manifiesta en el plano de los vivos, al ritmo de los tambores, el ron y el tabaco.
Sea entre tequila y flores; oraciones ceremoniales o cantos, tambor y ron, hoy es un día especial para recordar a quienes todavía se lloran, a quienes se fueron para siempre... hoy es un día para celebrar su vida.

Cero trucos
No es Halloween y que quede claro. La transculturización y el continuo bombardeo de
imágenes de pequeños disfrazados pidiendo dulces al son del trick or treat, ha ocasionado una confusión continua sobre las fiesta latinoamericana.
No debe confundirse tampoco el Día de los Muertos con el Día de los Fieles Difuntos, pues la primera es una fiesta netamente mexicana de origen prehispánico, que adoptaron los españoles en la época de la conquista.
Las calaveritas dulces, los altares y demás ofrendas a los ancestros mexicanos, corresponde a una tradición diferente, pues como recuerda Parra, el Día de los Fieles Difuntos es puramente católico.
Tanto es así, que la Iglesia cristiana evangélica suele rechazar estas actividades. El pastor Edgar Rondón lo explica según el Nuevo Testamento. "En vida se decide dónde uno quiere pasar la eternidad", siendo este último concepto, lo que ocurre después de la muerte.
"Si se reconoce a Jesucristo como salvador, se sabe dónde está el alma. Nosotros no estamos en contra de la visita a los cementerios, pero los que conocen la escritura, conocen el descanso eterno".
Con tal concepción, son innecesarios los novenarios. "A veces ves en la prensa que alguien murió hace años y los familiares les siguen haciendo misas por su descanso eterno. Si alguien murió en Cristo, está entre paz y regocijo".

Fuera del catolicismo
Lo que sí es cierto, es que el Día de los Fieles Difuntos es una celebración "con muchos años de tradición", como la denomina Parra.
De acuerdo la página web de la Agencia Católica de Informaciones (ACI), ya se habla de esta tradición en el libro Segundo de los Macabeos del Antiguo Testamento, "y siguiendo esta tradición, la Iglesia desde los primeros siglos ha tenido la costumbre de orar por los difuntos".
Las costumbres venezolanas, producto de una mixtura de creencias e idiosincrasias, provocan que se salga de la simple eucaristía. "Nosotros alentamos a los católicos a no caer en la tentación, porque hay manifestaciones que van en contra de la fe católica", dice Monseñor.
Por esas tradiciones, se refiere a las prácticas indígenas y africanas que devengan en la conocida "brujería", término mal empleado de acuerdo a sus practicantes.
Mildred Rojas, quien se define como quimbicera, dibuja el ritual a los muertos como reuniones llenas de luces, cantos y comida. "Hacemos ajiacos. Cocinamos cabezas de cochino al horno para ofrecerlos". La creencia divide la lírica a cantos africanos, si se trata del ritual de esa región, o canciones folclóricas de Un Solo Pueblo, si lo que se busca es rendir tributo a las "tres potencias", es decir, los caciques, militares y figuras que lucharon por la independencia de Venezuela.
"En la noche nos reunimos en la casa con la Yaya (mamá), el Tata (padre) y los seguidores para hacer una gran ceremonia. Un día antes o durante la mañana, hacemos un sacrificio de plumas", revela.
Más allá de la creencia católica, evangélica o palera, lo cierto es que las tres vertientes conciben la muerte como el cierre de un ciclo. Mientras el Obispo Parra lo asimila como "un cambio de estilo de vida", Rojas lo describe como el final de una misión. Para el cristianismo se trata de entrar a la vida eterna, preferiblemente al lado de Cristo.
Cada vertiente celebra y eleva plegarias para que los deseos se cumplan, a su manera.

***Despiece

En toda Latinoamérica

Cual gran familia católica, el resto de Latinoamérica rinde tributo a sus difuntos. 
Por ejemplo, en Ecuador se estila la preparación de “guaguas de pan” y “colada morada” días antes del 2 de noviembre.
La comida que Claudia degustará en México, es colocada en los altares días antes de la celebración.


***
Publicado en Diario Primicia
Página 11 
02/11/2013


miércoles, 30 de octubre de 2013

El dulce sabor de Doña Maura

Gusto 38 años tiene la famosa venta de helados en Manoa

El dulce sabor de Doña Maura

*** Si usted es guayacitano y no conoce los helados de Manoa, no está en nada. El dulce es referencia en toda la ciudad.

Lilihana Lara Arévalo
llara@primicia.com.ve
Fotos: Ricardo Rondón

Ismael Mirabal tuvo la necesidad de sentir el frío dulce en su garganta. Salió de casa, cruzó la calle, entregó y el dinero y se sintió estafado.
El helado que había comprado estaba "incompleto". El vasito de plástico a medio llenar lo cubrió de molestia y decepción. De allí salió una idea magnífica que se ha gestado en el corazón de San Félix por 38 años. 
-¿Tú quieres hacer helados? ¡Yo te voy a enseñar a hacerlos! - Le dijo Maura Salgado a su hijo, quien le comentaba lo sucedido. Él con apenas 12 años, vio en aquella idea no solo la oportunidad de deleitarse, sino que sus ojos brillaron ante un buen negocio.
"Helados Doña Maura" es el nombre que reluce en la casa de la esquina, la número 13 de la manzana 5, de la calle Guaqueríes, en Manoa; un proyecto que convirtió a la familia en centro de referencia para toda Ciudad Guayana.
-¿Que cómo me siento? Feliz. Siempre es bueno que reconozcan tu trabajo - revela Maura, quien apenas ve las cámaras, corre a su cuarto a buscar su mejor pinta para representar su negocio.

Cuatro dulces décadas
-Desde ese día, nunca hemos dejado de hacer helados.
Maura ríe cuando cuenta la anécdota de cómo empezó la venta. A cuestas lleva 38 años en los que hacer helados es parte de la rutina, así como preparar el almuerzo o darse una ducha.
Al mediodía, ya los helados están listos. Antes Maura trabajaba con sus hijos, quienes ya crecieron, levantaron vuelo y no están en casa. Ahora es una sobrina quien la ayuda.
-A mí me gusta hervir el agua. Es lo primero que hago, porque quiero un producto de calidad. 
La cantidad y la lluvia de sabores, varía dependiendo del momento. Se hace lo que haga falta para llenar el arcoiris de sabores en el enorme congelador colocado en la entrada de la casa.
No solo han cambiado los "ayudantes" de Maura. Antes tenía una pequeñita neverita donde metía los helados que le quedó pequeña ante la demanda.

El punto del sabor
El punto de venta lo logró con el trabajo constante. Hoy los compradores van directo a la casa de Doña Maura. Antes eran ellos quienes enamoraban a los clientes al llegar hasta ellos.
Primero, Ismael cruzaba la calle. Frente a su casa hay una cancha que se llenaba de niños y jóvenes en las tardes. Fueron ellos los primeros en probar las delicias en sus sabores originales: colita de kool aid, colita con leche, mango, coco, moriche, lechosa y melón.
La propia Maura se entusiasmó con el negocio. Al inaugurar el Jardín de Infancia Juan Vicente Cardozo, ella se acercaba cada mediodía y vendía los dulces a padres y niños.
Así corrió la voz por el sector y después por toda Guayana.
-¡Yo vendía helados a una locha! - comenta Maura, quien ahora ofrece más de 20 sabores.

Coco para todos
Maura dice que todos los helados "salen". Todos son buscados, todos se venden, aunque
luego lo piensa mejor y declara al de coco como el soberano del refrigerador.
-Puede venir una persona a comprar diez helados y si no se lleva cinco de coco, es bien raro.
Ella, como buen herrero, tiene un cuchillo de palo y dice que no casi no come helados, nada extraño para quien dedica parte de su vida al oficio de endulzar con frío.
-Si me como uno, es un mango. Es mi favorito - revela. 

Secreto sumarial
-Oye, el secreto... eso es ¿cómo dicen por allí? ¿Sumario? No, eso no se cuenta.
Maura se niega a contar lo que solo ella y su familia conocen. Los heladitos le han valido que sus muchachos salgan adelante. El propio Ismael se graduó de abogado, a punta de vender helados y estudiar duro.
Lo que sí cuenta la mujer es la clave del éxito: la constancia. Solo con constancia y dedicación, ha visto rendir los frutos del trabajo.
-Uno tiene que trabajar todos los días. No puede ser que venga un cliente y te pida un helado y tú salgas con que no hay este o aquel. La nevera tiene que estar llena.
Además de eso, Salgado recuerda aquel dicho tan olvidado en Guayana: "el cliente siempre tiene la razón". Al comprador hay que escucharlo y se deben aceptar las críticas.
-Viene alguien y te dice que el helado tiene mucho dulce, que le falta esto o aquello. ¿Tú te vas a poner a pelear? No, tienes que escuchar y hacer los cambios.
Con esas herramientas, inventiva e innovación, Maura habla de sus productos con gran satisfacción. En esta tarde de julio, un nuevo sabor atrae la atención de los compradores. Ahora venden helados de McFlurry, un invento de galletas, mantecado y leche, como el que venden en la popular franquicia. En ese momento, es el más llevado. Atrae el nombre y la publicidad que hacen en casa.
-Este helado ha gustado mucho, pero le voy a tener que cambiar el nombre. No vaya a ser que me quieran demandar...

***La mejor época
Como cualquier fruta, los heladitos de Doña Maura tienen su época "perfecta" para ser vendidos.
En vacaciones, fines de semana y los días feriados, la puerta de la casita no deja de sonar. Niños y adultos buscan el dulce, para dar un cambio a la rutina.
"La gente viene cuando quiere y siempre va a conseguir helados. Me aseguro que siempre tengan algo que llevarse".

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Publicado en Diario Primicia
Página 16
30/10/2013


domingo, 27 de octubre de 2013

El día que me pagaron por chatear

-Tengo una cita de sexo a las ocho de la noche.
Alba -mi jefa- me miró y respondió entre risas.
-Ah bueno... que te vaya bien.
-Es lo de Badoo... No voy a ir.
-¡Te dije que era una locura!
La cosa empieza así: Alba me pidió el fin de semana que me hiciera un perfil en Badoo, una red social que data del 2006 y que según yo no había tenido éxito ante la hegemonía de Facebook. Estaba muy equivocada. Según la historia de mi jefa, en sus días libres fue a dos sitios distintos y allí las personas decían haber “ligado” en la fulana página.
-¡Es un boom! - me dijo sorprendida – Todos consiguen pareja por allí.
-¿Viste? Yo sabía que estaba soltera por algo...

La colombiana
Lo primero era hacerme una cuenta. Usé Google para entrar a la página y luego tomé una decisión importante.
-No voy a poner mi foto. No quiero que la gente sepa quién soy.
-Tampoco hay nada de malo con eso – dijo Armando, otro de mis jefes.
-¡Qué va! Mejor busco a alguien más.
Las fotos tenían que ser lo suficientemente “naturales” para que los chicos creyeran que era un perfil real. Se me ocurrió entrar a mi Facebook y descargar un par de fotografías de una amiga colombiana que en su vida entraría a esos lugares -creo yo-. Bajita, piel canela, pelo oscuro y liso y unos ojazos. La llamé Adriana, el nombre de otra conocida que acaba de actualizar su estado en la red social.
Me sentí vieja. Tengo 26 años y pensé que esta chica debía ser menor; lo suficiente para dar la visión de una jovencita ingenua y fácil de conquistar. Lo único en lo que nos parecíamos Adriana y yo era en la afición por la lectura; aun así hubo una ligera diferencia: ella era apasionada por Paulo Coelho y yo jamás me he topado con un libro del escritor brasileño.
Un par de clicks, el ACEPTO de un contrato que nunca leí y un interés: conseguir una cita. El juego había comenzado.

“¿Te casas conmigo?”
Casi no pude revisar la página. De inmediato llegaron notificaciones a la barra superior de mi perfil donde había un sobrecito. Primero llovieron ventanitas de hombres que estaban “interesados” en conocerme; otros dejaron la delicadeza de lado y me hablaron de inmediato.
Eran tantos chicos, que no recuerdo el nombre de todos. El negro, Juan, Johnny, Marcos... altos, bajitos, blancos, morenos, negritos y en un rango de 18 a 36 años. Todos saludaban con un “amor”, “corazón”, “mi cielo” y “mi vida”, lo típico que hace que a una se le bajen las ganas, pero que ellos siguen usando.
Sebastian, un compañero de trabajo, se acercó a hablar conmigo y me hizo notar un problema: Adriana no tenía historia. Yo tenía que dársela. La creé sobre la marcha y la varié de un hombre a otro. Esta chica era cajera -a veces de un supermercado, otras de un banco-, había abandonado los estudios y vivía en Río Negro.
-¿En serio eres de allí? ¡Yo nunca te he visto! - me dijo Ángel, un morenito espigado muy amable.
-Es que allí vive mi papá, pero me la paso en casa de mi mamá, en Campo B.
Como él, la mayoría se comió el cuento y recibí todo tipo de halagos con las diversas personalidades que mostré: si era odiosa y monosilábica, decían que era bohemia, misteriosa e interesante; si respondía sus preguntas acompañadas de emoticones, era chévere y simpática.
-¿Te gustan los chistes?
-¿A quién no le gustan? - respondí.
-¿Te casas conmigo?
Media hora de Adriana y ya le pedían matrimonio, aunque fuera en broma.

Caperucita y el lobo
-Juguemos a caperucita y el lobo, ¿te parece?
Llevaba hablando exactamente una hora con Ángel, cuando me lanzó la propuesta. Por allí dicen que todos somos masoquistas, que cuanto peor nos tratan, más nos gusta esa persona. Con este chico me pasó algo similar.
La conversación fue poco expresiva. Él preguntaba y preguntaba y yo me limitaba a un responder escueto. Él seguía preguntando.
Mi historia con él fue un poco diferente. Le dije que pasaba el rato en casa de una amiga y que me acaba de inscribir a la página (una verdad) para ver qué surgía. Él me dijo que estaba en las mismas condiciones: soltero y pasando el tiempo.
-Quería ver qué salía, pero ahora quiero una cita.
Le respondí con un emoticon, ese que parece que saca la lengua. Eso dio paso a la picardía.
-¿Por qué la lengua afuera, cielo? ¿Te gusta besar?
-¿Conoces a alguien que no le guste besar?
-Hay personas que no les gusta besar.
-¿Por ejemplo?
-Pues a mí no me ha pasado, beso muy bien, pero he escuchado. ¿Te gusta bailar?
-Intento, pero no lo hago muy bien.
-¿Eres una niña buena?
Cedí a la tentación del flirteo. Necesitaba conocer hasta dónde podría llegar una conversación en esta red social.
-Puedo ser mala también.
-Oye, ¡qué bien! ¿Qué harás hoy en la noche?
¡Bingo! Una frase y entrábamos a terreno fangoso.
-¿A dónde me invitas? - respondí enseguida.
-Quiero conocer a alguien y besarla.
-¿Y si me gusta el beso?
-Te va a gustar y te doy otro mucho mejor. Hay una lluvia deliciosa ahorita, es buen ambiente, Enfría el cuerpo, pero puede calentar otras cosas.
-¿Te parece?
-Juegas conmigo
-Podría
-¿Y qué quieres jugar? Ya sé, juguemos a la caperuza y al lobo feroz.

La huida
Quedamos de vernos esa noche en un centro comercial. Él no tenía carro, pero ese no sería un problema porque tenía tantas ganas de verme, que conseguiría alguno. Ángel me pidió mi número telefónico y empezó a hacerme preguntas sexualmente explícitas que evadí como pude: cambiando nuevamente la historia.
Le dije que estaba casada y mi esposo estaba cerca. Él quería llamarme y le expliqué que podría traerme problemas porque mi compañero de cama era un policía violento. Propuse llamarlo al estar lista para salir.
Cometí el error de darle mi número telefónico. También hice lo propio con Johnny, otro chico con el que conversé esa tarde. Ambos me escribieron de inmediato; Johnny para pedirme que guardara su número; Ángel para preguntarme qué haría en esa noche de arrebato sexual.
Me lo zafé, fui a casa y me olvidé del asunto. Cerca de las ocho, empecé a recibir mensajes nuevamente. Mi cita quería saber dónde estaba y cuánto me faltaba para llegar. Se burlaba de cómo había pasado de ser una “niña buena” a una mujer casada, sedienta de emociones. Ignoro si acudió al encuentro; lo cierto es que fue bastante insistente. Preferí cortarlo de una, a riesgo de un buen insulto.
-Tranquila, amor... Yo sabía que eras pura charla.
Después de eso, Johnny me escribió. Le respondí la primera vez aunque después no entendí su motivación para buscarme. Yo no le prestaba atención y él me deseaba buenos días y buen provecho. Quería entablar algún tipo de relación conmigo, o con Adriana, mejor dicho; pero Adriana se había ido con Ángel y mi negativa a la cita sexual.
Todavía me llegan las solicitudes de chicos que quieren hablar conmigo, todos con el mismo discurso. Quizá alguien haya encontrado una buena pareja allí, pero mi tarde, esa en la que me pagaron por chatear, solo vi hombres de hormonas alborotadas. Seguiré en Facebook. Allí el “chanceo” es menos descarado.

lunes, 14 de octubre de 2013

Con gas lacrimógeno PEB reprimió protesta por agua

Manifestación Habitantes de Los Rosos y zonas aledañas trancaron vía a Upata

Con gas lacrimógeno PEB reprimió protesta por agua

***Vecinos de Sabaneta también tomaron la vía a El Pao en señal de apoyo. Dicen sufrir enfermedades por beber agua de riachuelos.

Lilihana Lara Arévalo
llara@primicia.com.ve
Fotos: Wilfredo Álvarez

-Para acá vino (el General Julio César Fuentes) Manzulli a mediar con ellos el viernes. Vino gente de Hidrobolívar y ellos no quisieron levantar la protesta. Esa vez se fueron tranquilitos a las cuatro y hoy (lunes) volvieron a tomar la calle a la una de la mañana. Dijeron “ahora vamos con todo”.
Las palabras de Johnny Rodríguez, director del Centro de Coordinación Policial (CCP) de Piar, son secundadas, a medias, por los manifestantes.
Sandy Barrios, vocera del consejo comunal Boca del Monte, recuerda bien que el viernes, el día de la primera protesta, Oscar Hernández, coordinador de Servicios Generales de la Gobernación en Upata, acudió a mediar con ellos, como tantas otras veces.
A Hernández le conocen cada gesto por las continuas reuniones para mejorar el servicio de agua potable en Los Rosos y las comunidades aledañas. Su llegada a la protesta les significaba más promesas y más mentiras. Esta vez querían ver a alguien cuya palabra se mantuviera: exigían la presencia de Francisco Rangel Gómez, gobernador del estado Bolívar.
-¿Usted no sabe si el Gober está aquí? Es con él con quién queremos hablar - preguntaba la gente en la mañana y hasta lo dibujaron en una pancarta.
-Anda en Panamá o no sé dónde - pronunció César Sanet desde la vía a El Pao, donde también protestaron.
Según dijo Ángel Suárez, comisario jefe de la Policía del estado Bolívar (PEB), el gobernador no estaba en el estado y como no iba a llegar, y decenas de personas esperaban trasladarse de Upata a San Félix, o viceversa, tomaron la situación en sus manos.
A las 3:00 de la tarde de este lunes, la tranca en la vía a Upata (incluyendo la avenida y la carretera vieja) fue dispersada a punta de bombas lacrimógenas y disparos al aire. 

El centro del problema
Cuando se les pregunta el por qué de la manifestación, todos coinciden que se trata de problemas con e
l servicio de agua. No son tan acertados al ubicar cuándo inició todo.
Unos dicen que hace más de 20 años no saben lo que es agua potable. Otros, que la raíz de todo está hace cuatro años, con la llegada de Gustavo Muñiz, alcalde del municipio Piar.
Recuerdan que el servicio ya era malo, pero al asumir el puesto Muñiz, fueron dañadas las tuberías para “mejorar el sistema”. También rememoran promesas de sistemas de bombeo extranjeros, así como camiones cisternas que pasarían regularmente por el sector, mientras mejoraba todo.
Los conductores de los camiones dejaron de entregar el agua sin nada a cambio. Hebert León, vocero de la junta comunal, revela que una garrafa de agua puede llegar a costar cien bolívares.
Cuando tienen suerte de abrir la llave y obtener agua, se encuentran con un líquido poco higiénico.
-Uno tiene que comprar agua “clarita” - dice Barrios y ciertamente, el líquido con el que amilanan el sol de la protesta, proviene de una empresa.
Desde el otro punto, la exigencia es la misma. Habitantes de Sabaneta, Guayabal, Chapire, Las Adjuntas y Sabanetica trancaron la vía en muestra de apoyo y también buscando soluciones propias.
-Tenemos dengue y paludismo porque tomamos agua de alcantarilla, de riachuelos. Hidrobolívar dice que nuestro proyecto arrancará en un año y queremos solución ahorita - argumentó Claret, miembro de la Junta Comunal de Sabaneta.

Culpa no aceptada 
-Resulta que hay un proyecto para mejorar el agua y ellos lo saben. No se ha avanzado porque son los mismos residentes los que rompen las tuberías.
Las acusaciones de Rodríguez fueron el tope de causas acumuladas para acabar con la manifestación, además de las molestias causadas a cientos de transportistas y pasajeros que tuvieron que “estacionarse” involuntariamente.
Asegura el oficial que varias bombas molotov fueron incautadas durante la arremetida, aunque no hubo ningún detenido. Horas antes, León negaba la violencia, aunque el olor a caucho quemado impregnaba la troncal 10.
-Bueno sí, quemamos unos cauchos por allá, lejos del asfalto. ¿Ya te dije que el asfaltado tampoco sirve? Si quemamos esto aquí, se vuelve nada... ¡Qué va! Esto es pacífico.

“Atacan al pueblo"
En total fueron más de 500 personas las que tomaron las calles. Aunque la protesta tenía su base en Los Rosos, habitantes de Boca del Monte, Sucutum, El Tigre, Casco Central de Los Rosos, La Antena de Los Rosos y Quebrada de Juajua se unieron. Colocaron ramas en las vías de acceso a Upata, cauchos y lo que se les pasó por el frente y “adornaron” el sitio con pancartas.
Tras el repliegue, habitante de El Tigre acusaron a la PEB y la Policía Municipal de entrar a los sectores y lanzar bombas lacrimógenas a las casas. Aseguran que hubo heridos y niños desaparecidos, en lo que calificaron un “ataque al pueblo soberano”.
Johnny Rodríguez lo negó al instante.
-Nosotros no nos hemos metido para allá. Estamos aquí, en la avenida. Ya pasaron dos horas y nos quedamos para ver que todo vaya bien. 

***Sin gasolina
A raíz de la protesta, las estaciones de servicio de Upata se quedaron sin gasolina.
Vía Tuiter se pudo constatar varias declaraciones de usuarios, quienes atestiguaron la falta del mineral.
"El primer día de la tranca se paralizaron 17 gandolas. Hoy se pararon diez. Por eso no hay combustible", dijo Johnny Rodríguez. 

***
Publicado en la Página 3 de Diario Primicia
15/10/2013

domingo, 13 de octubre de 2013

Once minutos en el cielo

Preguntarme si tenía miedo era igual que preguntarle a un borracho si está ebrio. Él se hace el fuerte, el infranqueable... ¿Miedo? ¿Qué es eso?  
La verdad es que “miedo” no resume mis manos frías, mis piernas temblorosas y mis monosílabos fluctuantes con frases en falsete. Estaba muerta de pánico y no había vuelta atrás. Por suerte, me llevé a Linoska, dueña de tantas de mis carcajadas para que aliviara la tensión de esa mañana en la que por fin me lanzaría en parapente.
-Si me pasa algo, vas a mi casa, limpias mi cuarto y botas todo lo que pueda hacer sentir mal a  mi mamá. Después le dices que me morí.
-¿Me dejas tu Iphone y tu laptop?
-¡Dale! Lo voy a escribir.
Hice un par de trazos en mi libreta y se la entregué a mi amiga. La hoja incluía un mensaje de amor eterno por el periodismo y la hora de “muerte”: 12:25 del mediodía.
Caminé a la base del punto de despegue del cerro El Toro, en Upata y me “enganché” a Mayk Tafech, mi guía y a quien le había confiado mi seguridad. Dos anillos de metal me ataron a él y a la aventura.
-Cuando te diga, corres lo más duro que puedas.
No le quité la vista al muchacho moreno y delgado quien frente a mí, me daba las instrucciones y se fijaba que mis correas estuvieran bien atadas. Detrás de mí sentía el movimiento del viento intenso que se colaba entre las velas naranjas, grises y blancas del parapente tipo tanden -para dos personas- de Mayk.
Primer soplido y la arena se hizo movediza. Segundo soplido y casi me caigo. Tercer soplido y sin darme cuenta, estaba en el aire.
-¡Bájame el zapato! - le dijo Mayk a nuestro ayudante. Había perdido el calzado izquierdo en el despegue. No se me ocurrió otra cosa que carcajearme en el eco de las nubes.

Vuelo no pagado
-¿Qué te pasó en el brazo?
Elias Tafech oculta los rasguños llenos de sangre seca en el antebrazo izquierdo.
-Me peleé con un gato – dice y cambia de tema.
Es un hombre alto y blanco. Tiene poco cabello y el que le queda en la parte baja de la cabeza, lo lleva al ras. Nació en un pueblito de El Líbano y una tarde vio cómo el piloto de un helicóptero planeaba en su patio. Quedó enamorado de los aviones.
-No le hables de eso que no para – me dice Nancy, su esposa desde hace 20 años quien este fin de semana lo acompaña.
Elías conoce la terminología de cada fenómeno; el porqué de cada aparato. Explica todo con vehemencia, con la pasión de quien ama el viento.
Sus amigos son otros disparatados por la adrenalina. Hace cinco años él empezó a acudir cada domingo al cerro El Toro junto con un grupo de hombres, ahora acompañados por su generación de relevo: sus hijos adolescentes.
Elías intenta que me relaje, que entienda que no va a pasarme nada malo en el vuelo y que, si se me ocurre echarme para atrás, nadie me llamará cobarde.
Yo soy una masoquista y empiezo a hablar con todos. Les pregunto si recuerdan algún momento tenso en el aire. Es cuando conozco la historia de Pablo. Me la cuenta Mayk, el hermano menor de Elías quien acude con más regularidad a El Toro.
-Se lanzaron en un tanden dos chamos. Pablo los ayudó y se quedó encajado.
El piloto no se dio cuenta, sino hasta mucho después. Maniobró cuanto pudo, Pablo abrazado a las piernas del joven al que volaban. Cuando pensó que no podía más, se encomendó a Dios, se soltó y dio un saltito con fuerza. El piloto había logrado descender.
-¿Y usted por qué no se atreve? - le pregunto a Nancy y me responde con un “algún día”.
-Yo estoy pendiente de Elías porque la otra vez no midió bien y se golpeó con unas ramas. Por eso tiene las marcas en el brazo.
Mis nervios se hicieron trizas con ambas historias, hasta que veo al propio Pablo bajarse de una camioneta. Ese día no nos lanzamos porque las condiciones del viento no eran favorables.
-Mira, le estaba contando a la muchacha de lo de tu accidente – le grita Mayk a Pablo, quien le replica con gracia:
-¿Accidente? Ese fue un vuelo que no pagué.

El viaje más peligroso
Quedé con Mayk de encontrarnos a las 8:00 de la mañana. Félix Marcano, un buen amigo y fotógrafo también me acompañaba. Llegamos al "aterrizadero", una superficie plana y sin árboles, donde también practican paintball. Allí  estaba Miguel Ángel Zárate junto a su padre Carlos y Omar Hanna, quienes nos cubrieron de historias, enseñanzas y recuerdos de sus mejores vuelos. Otros hombres se unieron con el transcurrir de las horas.
Esperamos, esperamos y esperamos. Finalmente, a eso de las 11:00 de la mañana llegó Ricardo, el dueño del Toyota 2F verde, un cacharro viejo y destartalado que nos llevaría a nuestro destino: el "despegadero" del cerro El Toro, a 240 metros de altura. Anteriormente los hombres subían a pie. La travesía podía llevarles dos horas con un equipo de treinta kilos a la espalda. Ahora pocos se atreven.
Me sugieren que vaya de copiloto, pero me niego. Les digo que quiero vivir la experiencia entera y ver qué ocurre en la parte trasera del camión. Me arrepiento después, cuando me enfrento al camino lleno de grietas y árboles a esquivar.
-Bajen la cabeza – gritan los hombres.
-Bajen la cabeza – se repite tres minutos después.
Los parapentistas han intentado mejorar las condiciones de la vía; pero de la alcaldía de Piar solo reciben negativas. No quieren que modifiquen la geografía del lugar.
-Agárrate bien – me señalan y yo me muevo de un lugar a otro, rogando no caerme. Por fin llegamos a “la tierra prometida”. Bajo con dificultad y Mayk me relaja.
-Subir en el camión es más peligroso que lanzarse. Ya pasó la peor parte.

Emoción al límite
El viento no está de nuestra parte y eso molesta al grupo. Dicen que es posible lanzarse, pero sería un viaje
corto.
-No tiene sentido lanzarse para aterrizar de repente.
-¿En serio? Yo le veo mucho sentido. Me suena perfecto – respondo.
Es que los muchachos tienen historiales de viajes de mínimo media hora y eso me inquieta. Cinco minutos en el aire es más que suficiente, pienso, porque me siento firme, pero sé que me voy a desvanecer.
Cuando estoy en el aire, mis emociones suben con los paisajes y caen cada vez que Mayk desciende un poco.
-Cuando te diga, sube las piernas lo más que puedas.
Yo me deleito con el viento y la frondosidad de los árboles vistos desde otra óptica, también escucho a Linoska que me lanza frases de apoyo y veo que caemos poco a poco.
-Alza las piernas – me ordena Mayk y yo lo hago, aunque solo un poco. Veo la cercanía de la tierra y escucho que me repite una y otra vez el mismo mandato. Tocamos tierra estrepitosamente.
-¡No te muevas! - me dice pero yo no puedo evitarlo. Hace tres años sufrí una fractura en el brazo derecho y pensé que ésta vez me había roto la pierna. Respiro, me calmo y muevo cada uno de los dedos de mis pies. Estoy perfecta.
Mayk me explica que no pusieron una veleta en el "aterrizadero" y no podía ver la dirección del viento, así que “caímos en negativo”. Se siente apenado, me limpia el pantalón y se fija que mis zapatos se rompieron con el impacto. Yo no reparo demasiado en eso. Si hay algo que me molesta, fue lo corto del viaje.
-¿Cuánto fue eso? ¿Cinco minutos?
-Once minutos – me replica tras ver el reloj del vuelo.
Allá arriba y con las emociones al borde, no se siente ni miedo y el tiempo se detiene. Es ver de frente al éxtasis; una sensación difícil de explicar.
Félix coincide conmigo en el viaje de regreso a casa. Se lanzó casi una hora después con otro piloto y su viaje fue aún más corto.
-Lo chimbo es que la cámara que usamos en el aire no funcionó. Sería divertido ver mi expresión - le digo.
-Eso te lo puedo decir yo. ¡Estabas cagada!

miércoles, 2 de octubre de 2013

El consuelo

A. escuchaba atenta mis desavenencias amorosas; esa capacidad digna de estudio que me ha hecho desperdiciar mis besos en los labios de los perdedores más grandes del siglo o peor, que el escaso arsenal de pretendientes resulte aún más risible para no llorar, salir corriendo a buscar una pistola y terminar con el sufrimiento de atraer pura gente que no sirve para nada (de acuerdo, me pasé de dramática). 
De repente, mientras estaba absorta en la historia y la necesidad de un cajero automático, escuché la frase que nunca me hubiera esperado.
-Lilihana... ¿de dónde sacas a esos hombres? Es que a mí no me cae nada.
Inserte usted el sonido de un frenazo y el olorcito de los neumáticos. Mi cabeza viró de inmediato y mis ojos se entrecerraron en clara señal de desaprobación, de "are you fucking kidding me?" y "¿estás borracha o qué te pasa?". ¿Qué no había dejado suficientemente claro que lo que levanto es pura basura y que no vale la pena pero ni aceptarles un café? 
Ella lo decía muy en serio. Ni un mensajito de "buenos días, corazón", ni un "qué bonita estás". A ella no le caía nada y "envidiaba" mi particular suerte amorosa. Caí en cuenta de algo: siempre hay alguien peor que tú, esa persona que te sube el ánimo con una vida más triste que la tuya.
No solo me ha pasado cuando se trata del corazón. Llevaba semanas quejándome del mísero sueldo que percibo, incapaz para independizarme o disfrutar de placeres frecuentes, cuando me topé con una "colega" en un autobús. Hablamos de cualquier trivialidad, hasta que me contó que daba clases en una universidad y se "resolvía" tutoreando tesis.
-Pero tú no debes tener tranquila. Donde estás te pagan muy bien.
Pensé que era una muestra de sarcasmo y le reiteré cuánto ganaba. Seguía maravillada, tal y como la community manager de una página web donde me ofrecieron trabajo semanas antes. 
-¿Vas a aceptar?
-Vamos a ver. Necesito dinero - le respondí.
-Bueno, a mí aquí me pagan buenísimo. Tengo muchos beneficios, me dieron una tablet... Estoy demasiado bien.
-Pues me alegra. Yo gano bastante mal.
Ella se ensanchó para decirme cuánto ganaba, es una muestra muy femenina de "mira lo bien que me va, perra". Su sueldo era un tanto menor que el mío y cuando se lo dije, se quedó helada.
-No chama, tú estás más que bien. Buenísimo.
Tuve una mezcla de sentimientos. Vergüenza por un gremio tan mal remunerado y conformista, aunque también alivio porque ella era mi consuelo. 
Supongo que yo represento lo mismo para alguien más; mi vida debe llenar de ánimo a muchísima gente, especialmente a esos que leen estas palabras por puro chisme. Pues mira, les regalo un "de nada". Se hace lo que se puede. 

domingo, 29 de septiembre de 2013

La doble vida del oro olímpico

Dos horas y no paró de reír. Todo le entusiasma, todo le parece magnífico, excelente, divertido y si le asomas un episodio doloroso, también suplica entre risas que no le preguntes porque no quiere ponerse triste.
-¿Qué te hace sentir mal?
-Me entristece que me mientan. Me molesto y me llevo todo por delante.
Sus ojos verdes se vuelven grises. La figura de su padre pasea por su mente y le cambia el gesto por segundos. Después vuelve a reír.
Javier Varela es un niño; uno de 33 años con una discapacidad al igual que el diez por ciento de la población venezolana, según un censo realizado por la Organización Panamericana de Salud.
Él no sabe de números o diferencias. Conoce de agua, de nado y del brillo de las medallas que acumula desde hace ocho años. La última la recibió en las Olimpiadas Especiales de Grecia y ahora entrena cada fin de semana para obtener una buena posición en las próximas competiciones.
Una vez baja del podio de premiación, Javier es uno más; un ser ordinario que trabaja de lunes a viernes en un lugar de comida rápida en Altamira, Caracas. Cada mañana se impregna de un oloroso perfume que invade a quien se le acerque y después de limpiar mesas y atender al público, camina directo hacia Bello Monte, donde vive.

La vida en el agua
Aprendió a nadar a los cinco años. Él mismo le pidió a su madre que lo llevara a clases. Allí, en el agua,
Javier llega al punto máximo de su felicidad, aún más que cuando escucha reggae o va al cine y fiestas.
El atleta es el mayor de dos hijos, el hombre de una casa llena de mujeres. De su padre no quiere hablar. Revela que es un hombre español y está orgulloso de su sangre andaluza.
-¿Prefieres a La Vinotinto a La Roja?
-¡A La Vinotinto siempre!
Ese amor por lo propio lo hace sentirse sumamente feliz cuando recuerda cómo se ganó el oro en Atenas, nadando en estilo “espalda”.
Originalmente fue electo vocero de las Olimpiadas Especiales Venezuela en 2009. Los profesores del grupo votaron por él y le dieron el puesto. Se lanzó a la aventura de Grecia junto a otros 86 competidores venezolanos. Aunque su familia no estuvo a su lado, les dedicó todos los logros.
-Estaba nervioso, estaba feliz cuando recibí la medalla. El recibimiento en el aeropuerto fue grande. Todo el mundo estaba allí.
En el trabajo fue igual. En el restaurante acogieron a Javier con una gran fiesta.
-Vinieron todos los gerentes y fue divertido. Me dieron un día libre para descansar.

Camarero con aspiraciones
Dice que le encanta comprar ropa, cosa extraña en el cliché masculino. Pasa que una cadena de ropa deportiva se enteró de su trabajo y decidió patrocinarlo. A las tiendas va a buscar bermudas y zapatos, sus prendas favoritas.
Esa misma plataforma le da la oportunidad de aconsejar a las personas que lo toman como un ejemplo. Así protagoniza campañas contra las drogas y para fomentar el deporte. Son cápsulas pequeñas que lo hacen muy dichoso al sentir que colabora con una sociedad en la que se siente incluido y que “está llena de vicios”.
Cualquiera podría pensar que Javier se dedicaría a las relaciones públicas o a actividades más relajadas. Él prefiere los regaños de sus exigentes jefes en un local de comida rápida al que dedica cuatro horas diarias. Entró a trabajar allí hace ocho años, los mismo que tiene nadando profesionalmente.
-¿Antes qué hacías?
-Trabajaba en El Hatillo, en una granja de contacto. Cuidada a los animales, les daba de comer y atendía al público. Era más divertido, pero me quedaba lejos.
El restaurante le queda a pocas cuadras de casa y el trato con el público le fascina. Disfruta también conversar con sus compañeros y entrenar a quienes vayan llegando.
-¿Cuándo te irás de aquí?
-Nunca. Me encanta trabajar en este lugar. Esta es mi familia. Lo que quiero es trabajar como gerente de esta tienda.

Buena gente ante todo
Javier no pasa desapercibido. Dice que es porque todo el mundo lo conoce, porque salió tanto en los periódicos, que todos saben quién es.
-Hola, soy Javier y me gané una medalla de oro en los Atenas – dice el hombre blanco y bajito a quien se le cruce en el restaurante.  
La mayoría de las personas le responde con una amabilidad; el resto lo ignora y sigue adelante. Su rostro cambia unos segundos, se queja de la mala educación y regresa a su tranquilidad natural cuando se cruza con un nuevo visitante.
Algunos curiosos sacan sus teléfonos inteligentes, lo rastrean por Internet y al notar que su introducción es cierta, hablan un poco más con él.
Le gusta la atención, pero le da vergüenza afirmarlo; enumera los periódicos y televisoras donde ha salido y recuerda que la pregunta que más odia es sobre su situación sentimental.
-Estoy solo porque no ha llegado nadie. Estoy bien así.
A sus compañeros de trabajo les hace notar que lo están entrevistando “otra vez”. Saluda a alguien y cuando le responden, dice “no me dejan en paz” entre carcajadas.
-Javier, ¿crees que eres famoso?
-No. La gente me saluda mucho porque soy buena persona. Por eso me quieren.