domingo, 21 de abril de 2013

No se lo enseñes a nadie

Si Jaime Bayly es Joaquín Camino -el personaje principal de su novela, No se lo digas a Nadie- y el resto de los personajes están basados en gente que forma parte de su entorno, lo compadezco. En mi vida me había topado con personas tan radicales, tan definidas y tan exageradas.
El libro es la primera obra literaria del presentador peruano y llegó a mis manos por consumismo. Mi amor por Bayly inició cuando era pequeña y veía su programa, El Francotirador. El conductor era incisivo, directo, sarcástico, mordaz, diferente y esas características me dejaban con ganas de más. Cuando vi la portada morada en el área de "ofertas" no lo pensé dos veces para llevármelo junto a otra obra suya que tengo en la cola de "por leer".
El enamoramiento por Jaime se me disipó en cada página. En su última edición, Bayly incluye un prólogo donde explica las peripecias para publicar un libro que amigos y familiares intentaron detener, pero que gracias a Mario Vargas Llosa vio la luz y logró al internacionalización.
El autor confiesa que actualmente no escribiría el libro, pero que en aquel momento, no pudo evitar hacerlo. Iba contra la sociedad "pacata" de Perú; demasiado religiosa y envuelta en una estela de moralismos exagerados y mal logrados.
Jaime lo demuestra en cada uno de sus personajes que en lugar de defensores de las buenas costumbres, parecen un grupo de indeseables. Tenemos a una madre extremadamente fanática del Opus Dei, un padre exageradamente machista y grotesco, un amante bisexual que engaña a su novia haciéndole creer que es un muy macho y otras aventuras amorosas que denigran su condición homosexual; además de un intento de novia con las que se desarrollan escenas inverosímiles, al menos que se trate de alguien con graves problemas mentales.
Joaquín convive con todos ellos. Pasa de ser un niño ingenuo a una especie de "enclosetado" (mientras vive en Perú) que incluso se atreve a acompañar a sus amigos a golpear transexuales en una noche donde la cocaína subió demasiado a la cabeza.
Dudo muchísimo que Bayly intentara reivindicar la condición de los homosexuales en una sociedad rígida como la latinoamericana. Si fue así, falló de largo. Porque sí, nadie está libre de cometer errores, pero Joaquín vive en un mundo de drogas, mentiras, traiciones y severa promiscuidad que poco ayudan a la tolerancia de quien lee. Más bien, tiene más de 400 páginas llenas de clichés y señalamientos que no sopesan un final victimizado de "nadie me entiende".
Sobre la estructura, el libro arranca con dificultad para meterse en un nudo de cursilería, con un final lleno de un discurso más sencillo. Asumo que la obra logró el éxito comercial gracias al morbo de la vida de un homosexual, además famoso porque del resto, no le encuentro sentido.
A Bayly le he leído mejores. De él amo "El Huracán lleva tu Nombre", también de temática gay aunque mucho mejor logrado.
Quizá este libro llegó a mis manos en mal momento. Estoy segura que no era ahora cuando debía leerlo. Seré demasiado "pacata" en no ver la magia que otros han visto en sus letras. Optaré por seguir deleitándome con su programa y por ahora, dejaré su otro libro en la pila. Después de esto, no me entusiasma nada.