lunes, 8 de abril de 2013

Vendetta analítica


-Feliz 53 cumpleaños, doctor. Bienvenido al primer día de su muerte.
Si usted lee esa frase y es capaz de cerrar el libro, le sugiero que también cierre esta ventana. Probablemente carezca de imaginación, capacidad de asombro y atención. Pero si la línea lo ha dejado con ganas de más, entonces acérquese a la librería compre El Psicoanalista de John Katzenbach. Intuyo que no se arrepentirá.
Una venganza despiadada se entreteje alrededor de Frederick Starks. Él, psicoanalista de profesión, no deja lugar en su vida para otra cosa que no sea el trabajo. Es un hombre de rutinas, de costumbres. Aburrido, podría decirse. Comprenderá entonces su sorpresa al verse acosado.
-Pertenezco a un momento de su pasado. Usted arruinó mi vida. Y ahora estoy decido a arruinar la suya.
El victimario se hace llamar Rumpelstiltskin y conoce cada detalle de la escasamente protegida vida de Starks. Lo quiere muerto, pero no desea llenar sus manos de sangre. Prefiere jugar con la mente del analista e inducirlo al suicidio porque arruinar una vida es más sumamente sencillo cuando se tiene pleno conocimiento de la psique de la presa. El señor R (como lo llaman sus secuaces) también es "bondadoso" y reta a Starks. Si él logra descubrir su identidad, el ajedrez mortal lo dejará respirando.
Así transcurre la primera parte del libro, en una historia de cómo se derriban los muros de una persona de apariencia sólida; una falacia. Starks queda a la deriva, con una carrera en entredicho -lo acusan de violación a una paciente-, sin un centavo, sin casa, sin fondo de retiro, sin amigos -que en 53 años nunca cultivó- y solo. Completamente solo.
Con dificultad intenta sortear los entresijos del muy planificado placer del señor R, a medida que se da cuenta de no llevaba su existencia de la mejor manera. Acaba entonces en un risco, con una casa en llamas y con una idea clara: Frederick Starks debe morir. 
Tranquilo, lector, que no te he spoileado el final. Ahora es cuando restan aventuras en este thriller psicológico maravilloso, que me mantuvo adherida a las casi seiscientas páginas, con letra pequeña, por cinco días. 
Katzenbach ofrece un final trepidante, con muchas respuestas y algunas preguntas. Regala personajes secundarios muy cuidados, creadores de situaciones que te hacen dudar de lo que es verdad o si se trata de una teatro para seguir hiriendo al protagonista. Leí por allí que las últimas páginas estuvieron cantadas. A mí no me lo pareció, al contrario, el autor me dejó helada. Por algo es la novela más famosa del sumamente descriptivo Katzenbach, cuyos otros escritos han sido llevados al cine.

Frases favoritas:
Tememos que nos maten. Pero es mucho peor que nos destruyan.
Nadie pide disculpas realmente. Lo dicen, pero nunca es de verdad.
Las verdades son siempre inoportunas.
Un hombre sin pasado puede forjar cualquier futuro.
Su empeño era encontrar a alguien que cuidara de ella, pero siempre encontraba a la persona equivocada.
Hay muchas formas de matar a alguien.
Lo que era ya no es lo que soy. Y lo que soy no es aún lo que puedo ser.

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